jueves, 28 de agosto de 2014

Teoría de la literatura: RESTOS

Teoría de la literatura: RESTOS
Editorial San Marcos. Lima, 2012, 245 pp.
Hablar sobre la teoría literaria en nuestro medio suele ser un asunto espinoso, esto, en gran medida, debido al rechazo que sostiene cierto sector de lectores y escritores motivados, generalmente, por el desconocimiento, y también, en parte, por nuestro voluntario enclaustramiento al interior de un ambiente meramente disciplinar: en una especie de metáfora extraña, digna de Simeón el Estilita. Es por ello que la propuesta expuesta por Javier Morales (compilador) en Teoría de la literatura. Restos (Editorial San Marcos, 2012) se convierte un punto de retorno que nos invita a reflexionar sobre la crisis de la teoría literaria y, al mismo tiempo, de las humanidades en general, agravada en estos tiempos extraños en que vivimos: entre la inmediatez informática, las interacciones virtuales y un marcado distanciamiento caótico con respecto al otro.
 
Es precisamente ante estas crisis que responde Teoría literaria…; las externas, que se tornan agresivas y, en muchos casos, inhóspitas y baldías para este tipo de desarrollos; y, sobre todo, para las internas, en la que nos hallamos inmiscuidos, y en la que existe cierta tendencia a la inercia de no discutir sobre la leche derramada (si es que la fue). Los artículos recopilados por Morales Mena, apelan a romper, justamente, dicha inercia, a darle cierto dinamismo a los engranajes teóricos que permanecieron inmóviles durante las últimas décadas. El retorno al origen, mucho antes de la formación de los paradigmas actuales, es el común denominador de los artículos.
 
Un ejercicio hermenéutico necesario y renovador, sin el cual no se podría dar el valor necesario a ciertos artículos, como es el caso de Tatiana Bubnova ("Bajtín traducción inversa"), en donde se plantea una revisión de la traducción de la obra de Bajtín, y que fue tan efectiva en comparación con el mensaje original. Para ello pondrá especial hincapié en el contexto en el que las ideas de Bajtín comenzaron a expandirse, específicamente en la Francia de mediados de los años sesenta, en donde la autora plantea que a raíz de las corrientes de pensamientos que surgieron en aquel momento, se prestaron cierta atención a determinadas categorías bajtinianas dejando de lado otras. Es a partir de este punto, en donde la autora planteará la traducción inversa, como un modo de recuperar lo que las traducciones anteriores obviaron.
 
El artículo de Miguel Ángel Huamán responderá a las crisis externas, mencionadas anteriormente, y sobre cuál sería el papel del crítico en los tiempos modernos. Así, para Huamán, la importancia del crítico, en estos tiempos de relativismo en donde poco o nada se hace por la comprensión, es fundamental (pese a que algunos caen en la negación generalizada que esconde tras de sí: "un autoritarismo nefasto"). Para sostener la importancia de la crítica, hará un recorrido desde los orígenes mismos de la palabra y su evolución a nivel social y artístico a lo largo de los siglos, y como esta, al verse enfrentada por la modernidad, irá perdiendo su función "social" pasando por la difusión de la escritura; de la literatura, convertida en parte de la industria del entretenimiento; hasta que, finalmente, termina refugiándose en la "jerga universitaria", alejándose del hombre cotidiano. Pese a ello, la importancia o, mejor dicho, la necesidad de la crítica, bien podría resumirse en las siguientes palabras del autor: "la función primordial del crítico literario y cultural, en medio del predominio del espectáculo y el consumismo, es alentar una perspectiva positiva de la práctica de la crítica, en todo ámbito" (Pg. 54).
 
El artículo de Roberto Gonzáles Echevarría ("Crítica Práctica / Práctica Crítica") es el artículo más sentido del compilatorio, pues en este se hace referencia a su papel como crítico cubano radicado en Estados Unidos, y el papel de los críticos latinoamericanos en dicho país a raíz de la revolución cubana y por el boom latinoamericano. El autor realiza una recopilación, a manera de evolución, de los estudios latinoamericanos en aquel país, junto a viejas añoranzas compartidas con otros críticos, como Ángel Rama y Emir Rodríguez; y cómo con el creciente interés por la literatura latinoamericana, también llegaron consigo los aspectos políticos, que no solo estaban referidos a los escritores alineados o no alineados con la revolución cubana, sino también al ámbito de los críticos, esa visión sectorial que Gonzáles se encarga de criticar constantemente.
 
La otra parte del artículo estará referida a la evolución de la crítica literaria en general, haciendo especial hincapié a lo que el autor denomina "El peor legado del estructuralismo", que fue el sometimiento de la crítica literaria a ciertas tendencias de las ciencias sociales, consecuencia del pasearse por diversas corrientes de estudio, como si se trataran de "modas" injustificadas. En este punto el autor mantiene una crítica certera contra este sometimiento, pero sobre todo contra cierto sector de la crítica literaria que se caracteriza por su afán reduccionista respecto a la literatura latinoamericana, encasillándola a temas y problemas locales; como al Inca Garcilaso a un asunto postcolonial, a Borges con los conflictos políticos de Argentina o a García Márquez con la violencia en Colombia. Para Gonzáles esta práctica convierte a la literatura latinoamericana como una "literatura menor", una "literatura de subalternos".
 
"No hay gesto más abyecto decolonizado que este. Equiparar la literatura latinoamericana al subdesarrollo o a la condición colonial o postcolonial equivale a renunciar a una de nuestras indiscutibles riquezas: la imaginación literaria y artística, que se sobrepone a todo obstáculo. Nuestro más grande poeta, Rubén Darío, surgió de la minúscula y empobrecida Nicaragua. Mi querido amigo Severo Sarduy era un mulato, chino, homosexual, de origen proletario, y no era subalterno de nadie" (Pg. 132).
 
Análogamente, los otros artículos tienen la misma actitud de reevaluar la tradición teórica, como el artículo de Antonio de Murcia Conesa, respecto a la Teoría literaria de la Romanistik; o la revisión de encuentros, entre los estudios postcoloniales y el feminismo, bajo la herramienta de la modelización, de la autora Beatriz Ferrús Antón; entre otros. Y que a partir del desarrollo del diálogo producido consecuencia de lo discutido, articulan lo que Javier acertadamente señala como fin de esta propuesta:
 
"Restos también pretende ser un libro de amor por la literatura, por la teoría literaria, por el humanismo o el demasiado humanismo. Cada uno de los artículos aquí reunidos recuperan el sentido combativo de la teoría, su resistencia al reduccionismo plantillar; su crítica de la tropología que sucumbe a las exigencias de los mercados de la interpretación. Esta compilación es muestra de sentimiento teórico y contestación beligerante frente a este tiempo de la reproductividad técnica de la teoría" (Pg. 16).

Se acabó el show 1985, el estallido del rock subterraneo

Se acabó el show
1985, el estallido del rock subterraneo
Carlos Torres Rotondo
Mutante. Lima, 2012, 294pp.
 
Se acabó el Show de Carlos Torres Rotondo es probablemente la propuesta historiográfica más ambiciosa acerca del movimiento del rock subterráneo en el Perú. La propuesta esbozada, no trata solamente de la recopilación de datos, fotografías, afiches y revistas de toda aquella movida (que de por sí ya supone un trabajo casi arqueológico), sino que, a diferencia de lo que se estila en trabajos similares, la estructura narratológica del libro no se encuentra limitada a una visión rígida, heterodiegética; sino que apela a la entrevista constante, logrando una especie de gran polifonía en donde las voces de los protagonistas parecieran habitar encuentros y desencuentros sobre aquellos años efervescentes. Pues, si algo logra aquella estructura discursiva, es que exista más de una versión sobre los hechos específicos; como la cantidad de personas que hubo en la primera presentación de Leusemia, en donde Daniel F sostiene que fueron miles, luego Leo Escoria sostenga que a lo mucho fueron cientos de personas, para que finalmente el Kimba diga que solo fueron cincuenta personas. Sin embargo, también está el otro aspecto, que es la de llenar los vacíos que existen, como quién fue el causante de que se fuera la luz en el Festirock (1984) realizado en la Concha Acústica del Parque Salazar.
 
Por otro lado, el aspecto historiográfico de la propuesta de Torres Rotondo nos sumerge en aquella movida, y nos ayuda a entender algunos aspectos del rock peruano que todavía se encuentran presentes, y que, de alguna forma, explicarían el desnivel histórico que existe con países como Argentina. Un tópico específico, sería el lenguaje. Aquel sería un elemento constante en todos los países de habla no inglesa, como fue el caso de América Latina, en donde grupos como: Los Teen Tops (México), Los gatos (Argentina), Los Saicos (Perú), comenzaron a cantar rock en castellano. Sin embargo la evolución del rock en aquellos países tomaría rutas distintas; en México el rock sería desplazado por la balada moderna; en Argentina el rock (ayudado en gran parte por restricciones políticas) seguiría su camino ya conocido; mientras que en Perú se volvería al rock en inglés hasta bien entrada la década de los 80.
 
Es precisamente la movida del rock subterráneo que vendrá a transgredir lo establecido. La influencia del punk y del hard rock fue imprescindible para fomentar la creación de los grupos. Algo importante, que también señala el libro, es que muchas de las agrupaciones que dieron inicio a la movida no tenían formación musical; en muchos casos incluso no sabían siquiera tocar, teniendo que aprender en el trayecto, por lo que una de las características principales de aquellas primeras formaciones, era la actitud con respecto a la música, a la sociedad, a lo establecido.
 
Otro aspecto importante, es que dicho movimiento conto con la afluencia de personas de todas las clases, de todos los barrios; en donde la música y los intentos por construirse un espacio fueron suficiente para derribar las barreras que los separaban. Además que dicho movimiento no solo congregó a músicos, sino también a distintos agentes de la industria cultural, como periodistas, poetas, artistas plásticos; jugando, todos ellos, un papel importante en el movimiento.
 
Es en este punto, en donde se nota el tremendo esfuerzo historiográfico de Torres Rotondo, al recopilar no solo material fotográfico de las primeras formaciones, sino también las revistas o fanzines, así como también los afiches de los conciertos. Toda aquella recopilación visual, acompañada por las entrevistas de los protagonistas de aquel segmento de tiempo, convierten al libro en un documento indispensable para acercarse al movimiento del rock subterráneo; al contexto social y político de aquella década que sirvió tanto para su nacimiento, como reguero de pólvora, como para su declive, con la llegada del terrorismo a la capital; razones por las que Se acabó el show se convierte también en un documento sobre la memoria, protagonizado en gran medida por la nostalgia, y la historia del rock peruano, que pareciera gritarnos que todavía queda mucho por decir.