lunes, 28 de enero de 2013

Los Noventa

Ver este video me ha causado una mezcla de sensaciones, ¿y por que no? también de extrañas añoranzas... desde el corte honguito hasta las zapatillas con luces que nunca duraban. Y por supuesto también la de la mascota virtual que siempre se moría... Los buenos momentos, pese a todo, siempre terminan mezclándose y sobreviviendo entre los malos (años 90 fueron pésimos para la gran mayoría de nosotros)

domingo, 27 de enero de 2013

HAN CERRADO EL CINE PORNO DE COLMENA

HAN CERRADO EL CINE PORNO DE COLMENA Lima, domingo 27 de enero de 2013. Porneros e intelectuales: Los que suscribimos esta carta hacemos un llamado a vuestro buen sentido de discernimiento para manifestar respecto a lo que consideramos un atropello contra los derechos elementales de os porneros limeños: el cierre preventivo del emblemático Cine Colmena. Queremos expresar nuestro pesar por esta decisión arbitrario que desmuestra una vez más la incapacidad y la discriminación con que obran nuestras autoridades. Exigimos a quien corresponda la pronta apertura de este importante espacio cultural que durante años albergó el ímpetu iniciático d elos jóvenes y la concupiscencia enil de los grandes, ciudadanos que como nosotros ven hoy relegadas sus expectativas de vivir en una sociedad más inclusiva. Asimismo, convocamos a una marcha pacífica para el día 14 de febrero a las 3:69 de la tarde. El punto de concentración será la A.v Colmena (frente a la fachada del cine en mención). Luego nos dirigiremos rumbo al Congreso donde extenderemos un pliego de reclamos que deberá ser atendido a la brevedad. Atte. Sociedad de Porneros Librepensantes de Lima. ¡EL PORNO ES CULTURA!

sábado, 19 de enero de 2013

El soundtrack de la semana

Tratando de que este año el soundtrack de la semana no sea tan espaciado, posteo una canción que durante un par de días me viene dando vueltas en la cabeza y en las manos... Costumbres argentinas...

miércoles, 16 de enero de 2013

El desierto y su semilla

Debo de confesar que pensé que el primer post de este 2013 seguiría con la tradición de recuentro de frustraciones del año pasado, nunca metas, porque la felicidad de vivir sin futuro aparente no tiene pierde, pero sí esa noción kármica de despedirse de los amigos y mujeres perdidas. He de confesar también, que luego de renunciar a aquel recuentro infructuoso, creí que dicho post debería de tratarse sobre: “El Narrador de historias” novela de Enrique Congrains, y que dicho de paso, fue el último libro de creación que me leí el año pasado, sin embargo  la digestión de dicha novela, fue muy parecía a su lectura; es decir se fue perdiendo con el pasar de los días.
            Algo que no ha ocurrido con la novela, que es la causante de este primer post del 2013, me refiero: “El desierto y su semilla” de Jorge Baron Biza. Una novela, que luego de mucho tiempo, ha logrado estremecerme; y no me refiero solo al hecho de haber disfrutado su lectura, ni mucho menos de que haya tenido que sacarme el sombrero metafísico y aplaudir silenciosamente cuando terminé de leerla, sino al hecho de que durante la lectura me vi obligado a cerrar el libro, y respirar para poder digerir lo avanzado. Y no, no me refiero a esa tendencia gore de intentar describir actos repulsivos, sino al acto más puro del narrador, que es hacer que el lector caiga en su trampa diegética, en donde uno termina oliendo, escuchando y viendo, pero sobre todo sintiendo lo que los personajes experimentan. Personalmente creo que es el acto más trascendente de los escritores, o al menos de aquellos que han escrito los libros que nunca olvido. Enumerarlos sería absurdo, pese a que no son muchos, quizás por ello que este post sea mucho más empírico, mucho más sentimental, de lo que acostumbran ser mis post respecto a libros.
            “El desierto y su semilla” es una novela genial, y en donde pese a la sencillez con la que está narrada[1]no cae en la simpleza. Todo lo contrario, se trata de una narración directa pero detallada. Lo podemos observar desde el inicio de la misma:
En los momentos que siguieron a la agresión, Eligia estaba todavía rosada y simétrica, pero minuto a minuto se le encresparon las líneas de los músculos de su cara, bastante suaves hasta ese día, a pesar de sus cuarenta y siete años y de una respingada cirugía estética juvenil que le había acortado la nariz…un aire impostado de audacia se fue convirtiendo en símbolo de resistencia a las grandes transformaciones que estaba operando el ácido. Los labios, las arrugas de los ojos y el perfil de las mejillas iba transformándose en una candencia antifuncional: una curva aparecía en un lugar que nunca había tenido curvas, y se correspondía con la desaparición de una línea que hasta entonces había existido como trazo inconfundible de su identidad. (p. 11)
Es precisamente de aquella manera en cómo inicia la novela, y que a la vez marcará la tendencia a lo largo de ella; a nivel de estructura como a nivel diegético. Mario, quien es el narrador, recordará sus peripecias a raíz del  ataque del que fuera víctima Eligia, su madre, en manos de Arón, su padre. Un punto interesante, es que el protagonista no llama nunca a sus padres como tales, sino por sus nombres, en un claro intento por desnaturalizar la posición de ambos con respecto a la suya. De esa forma Mario iniciará una travesía, como acompañante y cuidador de Eligia en una serie de tratamientos para poder restaurarle el rostro dañado por el ácido, en primer lugar en Argentina y luego en Italia, Milán.
            El eje central de la novela girará en torno a la reconstrucción del rostro de Eligia. Vila-Matas, menciona en una nota escrita para  El País, que dicha reconstrucción termina siendo la reconstrucción de la historia fragmentada de la Argentina del siglo XX, sin embargo no estoy de acuerdo con él. Es cierto que de pronto el tratamiento reconstructivo de Eligia es el anclaje de Mario, y que dentro de las lecturas que Mario le lee a Eligia, hay ciertos textos que abordan la problemática de Argentina, pero no es precisamente un intento por reconstruir la historia de un país. Esto debido, quizás al hecho de Eligia y su padre, como Arón, fueron parte de la política de país; con cargos y exilios forzados. Quizás sea por ello que a Mario no le interesa la política. Es más, se aborda mucho más la reconstrucción de la Milán de la post guerra, que de los cambios políticos de Argentina[2].
            Sin embargo, lo que si es cierto es que Arón si intenta reconstruir algo, pero no es la historia desfragmentada de un país, sino su intento es reconstruir su propia historia familiar. Sus primeros recuerdos en el colegio, el encierro  en una cárcel junto a Eligia cuando tenía apenas 10 años, los comentarios de Arón escritos en los márgenes de sus primeros ensayos de colegio. Lo que intenta Mario es entender la tragedia familiar para así poder entender su propia tragedia. Porque si bien es cierto que Mario, gracias a sus problemas de alcohol, vive y experimenta casi en los bordes de la cordura, no lo hace de manera individual. Es decir, él termina por renunciar a cualquier intento de exponer su identidad[3].   De ahí a que siempre esté dispuesto a inventarse una historia del por qué se encuentra en un país ajeno al suyo; como la historia que contó la primera vez que entró al bar cercano del hospital de Milán, o la otra historia que les contó a los turistas jubilados que le ofrecieron un empleo en su funeraria aludiendo de que Mario era una persona que entiende sobre la muerte[4]. Quizás sea por ello, por dicha colectividad en la que se encuentra la reconstrucción de Eligia y la muerte de Arón, que Mario decide rechazar las tres oportunidades de salvación que se le ofrecen directamente.
            Y es que es Mario quien ocupa el lugar central. No es Mario quien cuida la reconstrucción del rostro de Eligia, es quien prosigue  la creación del último acto de Arón; la firma del divorcio perseguido por años, el ácido lanzado al rostro luego de la firma, el suicidio mismo, todas aquellas acciones son las que empujan a Mario a tratar de encontrarse en su padre. Pese al rechazo abierto y existencial que siente por él;  ya fuera como padre, como activista político, como persona, pareciera que Arón siempre lo terminase encontrando. Es su propio suicidio el cual de alguna forma despierta cierto grado de admiración al lograr rehuirle a la carga de sus responsabilidades. Incluso cuando se encuentra observando el cuerpo en la morgue, no puede evitar el rechazo, pero también cierto orgullo luego de que el médico que realizara la autopsia, sostuviera que si no se hubiera matado hubiese vivido por siempre. Esto último se contradice notoriamente con el suicidio de Eligia, y el escueto comentario con respecto a su trayectoria en el aire, antes de que toda la ciencia y logros hechos en Milán fueran a perderse pisos más abajo.
            Además, otro aspecto importante, es que al final de la novela es a Eligia, a quien pretende perdonar. No a Arón, sino a ella, con quien trata de tener cierto acto de reconciliación, de temas pendientes, por llamarlo de algún modo:
Por más injertos, queloides y colgajos que hubiese sufrido, Eligia (tendría que empezar a llamarla «madre», o algo así como «mamá»; en realidad, es por ahí por donde empiezan todos)…La carne sirve: porta placer o porta sufrimiento. En ambos casos, lleva consigo a otro, enamorado o torturador, y comparte con otro su destino… Lo único que me ha salido al cruce desde el suicidio de Eligia son textos, algunos para consuelo, otros para abrumarme.  Mi salud no está a la altura de las esperanzas que traigo del balcón; me aparté demasiado de la vida; vomito todos los días. Tarde o temprano yo también seré solo un texto… es de reconciliación de lo que estoy hablando.  (p.  283, 285, 286)  
            Es inevitable  evitar la relación biográfica que existe con el autor. Sobre todo porque pareciera que la muerte misma siguiera un patrón determinado, entre los que leyeron el libro tres años antes de que Jorge decidiera seguir la misma trayectoria del rostro de Eligia, y los otros que se recriminan el no haber tenido el Déjà vu de lo que estuvo por suceder; y ¿por qué no? También de nosotros, de los que siempre llegamos tarde y no pudimos hacer otra cosa que terminar este libro en nuestro bar favorito, y que mientras nos apurábamos la que siempre pareciera ser la última cerveza, nos convencíamos de que por lo menos, podríamos dedicarles algunas líneas a dicha semilla, y por supuesto, y en este caso, a su desierto.
 
 
 


[1] Se trata de una narración autodiegética
[2] Se menciona solo un par de veces, la junta militar que destituyó el primer gobierno de Perón, como la que destituyó a la viuda del mismo, luego de su muerte.
[3] Ya que la misma termina encontrándose relacionada con Eligia, y el motivo por el cual se encuentra en un país ajeno al suyo.
[4] Esto después de hacerles creer que sabía latín al traducirle las inscripciones de una serie de tumbas de distintos cementerios.