miércoles, 24 de octubre de 2012

3 barras; una mujer y un tabique roto


Probablemente el teatro haya sido la expresión artística que mejor se ha adoptado a los cambios sociales a lo largo de los siglos. Quizás sea el que mejor adaptación haya tenido en estos tiempos postmodernos, con puestas de escenas monumentales y teatros construidos en los  distritos más exclusivos de las ciudades. Pero claro, hay muy pocas puestas de escena de autor, ya que la gran mayoría son adaptaciones del extranjero, y si a eso sumamos que la publicación de dichas puestas son nulas, nos damos cuenta de que no todo es tan redondo como algunas personas les gusta creer.
Para los que conocemos de cerca a Max Pinedo, sabemos de su loable labor por difundir la cultura en el cono norte de la ciudad y en cualquier auditorio en el que le dejen presentar alguna de sus obras. Sobre todo con el exhaustivo trabajo que realiza a través de su academia-centro cultural, en esa mezcla  extraña de matemáticas y Brecht; y en donde en más de una ocasión, son sus propios alumnos la base actoral para la puesta de escena de alguna de sus obras. Por eso, el hecho de que Max Pinedo haya decidido saltar la valla que muchos dramaturgos del medio se imponen, es digno de celebrar.   3 barras; una mujer y un tabique roto   es su primer libro que reúne tres de sus obras, que fueron puestas en escena en más de una ocasión.
 El libro  se encuentra dividido por: Sentenciados, alma artificial y resistencia a la locura. Sin embargo posee un prólogo del propio autor, en donde propone una estética marginal en su obra, al menos en lo que corresponde a esta trilogía. Sin embargo dicha marginalidad, más allá de la posición social en la que se encuentran sus personajes, termina decayendo o mejor dicho: reubicándose en otro tipo de marginalidad, que es de los que no tienen voz o en todo caso, de los que hablan a través del cuerpo. Pero eso lo veremos más adelante.
            En la primera obra: Sentenciados. Nos encontramos en el acto I presenciando un suicidio. A partir de ahí la premisa será hacer el recuento de hechos que llevaron a aquel suicidio. Sentenciados, probablemente sea la mejor de las tres obras publicadas, ya que  se trata de una reescritura o en todo caso, de una ramificación de la historia oficial de la matanza de Barrios Altos cometido por el grupo Colina. Aunque claro, eso solo lo sabremos a medida que avanzamos con la lectura. Es así como nos vamos enterando de los preparativos de dicho atentado, y en cuya recopilación de hechos, el autor hace gala de técnicas narrativas que son mucho más cercanos a la novela policial que al teatro mismo. La historia está centrada en Alvarado, quien es miembro de este grupo militar junto a Supay, quienes piden a Julián que investigue a un vecino suyo, porque necesitan un operativo cualquiera para poder obtener dinero y reconocimiento castrense. Existe una clara visión postmoderna, pues como se comentó líneas arribas, la narración se reubica constantemente en distintas instancias narrativas que se desarrollan más o menos así:
 I - sería la escena del suicidio de Alvarado.
II – la recopilación de hechos que llevaran al suicidio de Alvarado.
III – la entrevista de Adrián a Alvarado.    
            Llegando a un punto determinado, serán las instancias II y III las que se mezclaran constantemente, y que harán que la historia termine decayendo en una inundación de monólogos, que cobran la estructura de testimonios, algunos hablaran desde la muerte, otros desde la marginalidad en la que los dejó dicho atentado, como es el caso de Florentino; pero todos ellos bajo una visión aristotélica, sumamente aleccionadora, en donde desfilan las críticas hacia los medios de comunicación, a la dictadura, y al desprecio por la vida.  Sentenciados es una visión postmoderna de la historia reciente del país, en donde el autor plantea las voces de sus personajes, en un intento por confundir todas aquellas otras voces, que algunos nunca escucharon y otros decidieron olvidar, para que cobre la vigencia necesaria para que la historia no se repita.
            La segunda obra, Alma artificial es una historia tórrida, en donde lo marginal no se encuentra en una posición social, sino en el lugar desde donde se habla.  La influencia de Brecht y Pirandello es notoria en esta pieza, pues el Autor y Mar se encuentran en una habitación discutiendo sobre sus cuitas de amor, pero dichas cuitas terminan transformándose en algo más profundo, como es el hecho de la creación. Lo loable de la obra, es que logra que la línea divisoria de las dos instancias narrativas que se dan en ella, termine siendo muy difusa, y que solo al final, en los últimos diálogos se logra esclarecer. Lo curioso es que una vez más nos encontramos con una pieza, que a pesar de que la influencia Brecht y Pirandello es notoria, no podemos dejar de pensar en Niebla de Unamuno. Específicamente en las dos últimas páginas, en donde el autor comienza a cobrar el sentido real de su posición desde donde se encuentra hablando.         
            Resistencia a la locura es la última obra del libro. La historia está centrada en Fer y Pablo, ambos se encuentran unidos por la infelicidad que les inunda en sus propias familias. Fer por algo muy parecido a una relación atípica con claros tintes neuróticos, y Pablo por tener oculta durante años otra opción sexual. Ambos personajes se encuentran sumergidos al límite de la locura, ya sea por la presión de casa o por la presión que existe fuera de ella, que es cuando Pablo decide declarar su amor hacia Fer.
            El eje de la obra girará en aquellas dos relaciones dañinas, ya sea por medio de una transgresión física en el caso de Pablo o por aquella transgresión sexual a la que se ve sometido Fer. De las tres obras, es precisamente ésta la que solo se preocupa en querer contar una historia, por lo que no termina cayendo en cuestiones aleccionadoras ni en transgresiones de instancias narratológicas, que intenten lograr un asombro.
            Otro punto característico de la obra de Pinedo, es que las tres piezas de teatro poseen un puente por donde se comunican constantemente entre ellas, y no me refiero a la marginalidad que sostiene el autor en su prólogo, sino al papel que cumple la mujer en las tres piezas de teatro,   siendo ellas el centro de la marginalidad pregonada en el prólogo. Ellas aparecen relacionadas, hasta cierto punto, con misóginos, ya sea Julián, el Autor, Fer y Pablo. En todos aquellos personajes uno puede detectar cierto desprecio hacia sus parejas o esposas y cuyo deprecio varía más o menos siguiendo esta estructura:
- Julián por el rechazo que siente Esperanza por su hija.
- Autor porque Mar lo dejó y rehízo su vida.
- Fer, por un trauma de infancia de Elvira que le dificulta la vida en parejas.
- Pablo por poseer otra opción sexual y que ve en la vida hecha junto a Magdalena, la imposibilidad de ser feliz.  
            Lo curioso del asunto es que dicho desprecio inicial en todos aquellos personajes, termina mutando a otro tipo de desprecio, que es el sexual. Ya sea por traición en el caso de  Esperanza, ya sea por liberación sexual en el caso de Mar y Elvira o por transgresión, cuando Magdalena decide cercenarle los genitales a Pablo.  Lo cierto es que es precisamente a través de la traición, de la liberación, o de la transgresión, por el cual  la mujer puede hablar, puede salir de dicha marginalidad, pero casi al instante es condenada pues de victima pasa a victimaria. Como en el caso de  Julián, que al enterarse de la traición de Esperanza, se da da inicio a la matanza o en el caso de Fer, cuando Elvira decide vengarse a través de una serie de aventuras sexuales, que termina llegando a la locura y hacia la posterior muerte.
            Una posición muy interesante, que seguramente algún trabajo posterior sobre la obra de Pinedo, decida profundizar.
            En conclusión, 3 barras; una mujer y un tabique roto es una obra muy recomendada, con ciertos desgastes a nivel narrativo y con ciertas deudas, que seguramente el autor terminará saldando en sus próximas publicaciones. Pero que en definitiva el lector-espectador no debería dejar de leer o de asistir a alguna de las puestas de escena de Max Pinedo.