miércoles, 21 de marzo de 2012

Volver a los 27

Dejar los 27 o al menos estar a punto de hacerlo, está siendo más difícil que aquella vez que llegué a los 25. La crisis fue la misma, o al menos la sensación de crisis, termina siendo siempre la misma; con las acostumbradas tribulaciones, los mismos ruidos de cabeza y los retazos de promesas hechas y desechas (tantas veces) que ya parece novela mexicana. Dejar los 27, y comenzar a asomarse hacia los 28, es difícil porque solo en ellos, uno se da cuenta de que ahora si no se entrará en aquel club. Que de por si era difícil aceptar que no estaría en él por carecer de aquella genialidad y de todas aquellas sustancias (que yo nunca tendría el valor de meterme), dejando que sea la edad sola, la única opción a validarme. En cambio ahora, que la genialidad sigue siendo lo más parecido a una silueta en ventana ajena, solo quedan horas y canciones de bandas eternas, acompasando esta partida (llegada).
Alejarse de los 27 está siendo difícil, porque “volver a los 17” se vuelve más necesario con el paso de las horas (todo lo cambia el momento). Porque sin dejar de ser solo una cifra, cual tatuaje de tiempo, nos indica que las fiesta se terminó, que ya todos se fueron y que solo queda recoger los despojos, mientras se piensa en qué momento, aquella sensación de que la fiesta parecía durar por siempre, se transformó en una mezcla de desasosiego y sorpresa, como si de pronto nos hubiéramos quedado dormidos en el mejor lugar del mundo, para luego despertarse, en el lugar de siempre. Dejar los 27 se vuelve difícil, porque a pesar de lo que le diga a la gente, “ofrecer el corazón” carece tanto de sentido; por la “sangre”, lo “perdido” por los putos acordes que cada vez me intereso menos en tocar, y es que claro, “cuando los satélites no alcancen” lo más probable es que me encuentren sentado, masticando un agridulce: “se los dije”.
Irse de los 27, deja la misma sensación que ser echado de ellos, dejar de ser esa moneda que gira eternamente, para ser parte del ripio de cada día, de la historia que nadie conoce y que es la misma de todos. Porque dejar los 27 no solo indica que la juerga ya se terminó, sino también de que la vida a partir de ahora, es una constante sucesión de ausencias. Que de nada sirve eso que “siempre estarás en mí” si es que no se estalla, y que hacer del verbo-carne, se convierta en el hecho palpitante de un sexo.
Porque dejar los 27 es la cosa más normal del mundo; como amanecer desnudos en la calle o quedarse sin amigos. Después de todo hay algo de soledad, al elegir la salida correcta del laberinto.

jueves, 15 de marzo de 2012

LA MUERTE SE SUEÑA SOLA






















Pronto por la editorial: Vivirsinenterarse