miércoles, 26 de diciembre de 2012

La problemática de la comprensión lectora en nuestro sistema educativo



El problema de la falta de comprensión lectora en nuestros alumnos, posee un carácter sumamente complicado. Esto debido a que dicha carencia se encuentra inmersa en los distintos niveles del sistema educativo como también en los distintos actores del mismo. Esta problemática la podemos encontrar desde muy temprano, como es en el caso de la educación primaria, para más adelante encontrarla en el nivel secundario y superior. Lo que demostraría que el malestar de los alumnos, con respecto a la parte formal del lenguaje (entiéndase morfología y sintaxis) poseería raíces estratificadas muy difíciles de arrancar, al menos no en un corto ni mediano plazo.
              Probablemente el mayor problema en la educación primaria, es que la misma, en nuestro sistema de educación actual, es demasiado heterogénea. Esto debido a que las diferencias entre un alumno de un colegio privado y uno de un colegio nacional, son notorias. No solo por el hecho de que los profesores de una entidad educativa privada, necesitan contar con ciertos requisitos académicos y laborales, sino también porque a diferencia de los profesores del magisterio nacional, los primeros no se encuentran supeditados a la labor gremial (huelgas). Pero también es cierto que existen diferencias notorias entre un alumno de un colegio nacional de la capital, que un alumno de un distrito del interior del país. Por lo que la problemática, al inicio de la educación formal en un alumno, no solo se debe   al nivel académico y laboral de los educadores, sino también  a aspectos sociales, que no solo dificultan, sino que probablemente sea la razón principal del bajo aprendizaje de cierto sector del alumnado nacional.
            Sin embargo en la educación secundaria, dicha heterogeneidad  pareciera desaparecer (al menos de manera superficial) para ser parte de una terrible realidad, que es la baja o casi nula comprensión de lo que se lee (cuando se lee). Para los que nos encontramos en el sistema secundario sabemos  lo que significa el peligro, de no solo no comprender, sino de leer los escasos cuatro libros que el plan lector de la mayoría de los colegios decide plantear para el año escolar. En este punto nos encontramos no solo con la ineficacia, por parte del sistema educativo, sino también en los actores (directores, profesores, padres) para los cuales leer no cobra la importancia debida. Entonces ¿por qué debería de importarles la falta de comprensión lectora?
            Este punto es importante porque nos permite desentrañar el problema. Se le pide al alumno que sea capaz de comprender lo que lee, pero todos los intentos para que el alumno se interese en la lectura, son intentos fríos, carente de motivación alguna. Por lo que el primer culpable de este problema, radica en el plan curricular. Se ha llevado a la lectura un simple ejercicio nemotécnico, en donde todos los cursos que tienen que ver con el proceso de lectura, se limitan a fechas, batallas y clasificación de huesos. Se sigue aplicando el tipo de educación que no solo tuvieron nuestros padres, sino nuestros abuelos, ignorando el hecho que los alumnos de ahora son nativos digitales, y en donde a diferencia de lo que plantea Premsky, son muy escasos los intentos por acercarse a los nativos digitales o intentos fallidos, como el hecho de utilizar el hipertexto como un simple buscador de respuestas.   
            Quizás por ello, no debería de extrañarnos, que el déficits  de comprensión lectora en el nivel superior sea tan marcado. No solo por  tratarse del resultado de un proceso atiborrado de  errores y desidias  por parte de los actores más importantes del sistema educativo, sino también que al tratarse de nativos digitales, se encuentran en mayores dificultades para comprender los textos académicos de sus respectivas carreras profesionales. A esto se le suma la ineficacia para poder desarrollar informes o trabajos monográficos de los libros o temas desarrollados en aula.
            En el nivel superior, a diferencia del secundario, la ineficacia de la comprensión lectora, se vuelve más notorio y perjudicial para el alumno. Por lo que los posibles intentos para solucionar esa carencia, se vuelven mucho más claros y directos. Paula Carlino plantea, con respecto a la poca comprensión de los alumnos universitarios con respecto a los textos académicos, que una posible solución sería que los profesores discutan los libros de manera didáctica con los alumnos, poniendo especial énfasis en las categorías desarrolladas para que de esa manera el alumno pueda comprender el libro. Otra posible manera de poder encarar dicho problema, es que los profesores (muchos de ellos inmigrantes digitales)   logre encontrar la manera de sintonizar con los alumnos, haciendo uso de las propias herramientas que, como nativos digitales, usan a diario. Con respecto a ello, Premsky plantea que para ello habría que desarrollar una serie de programas educativos que ayuden a facilitar el aprendizaje a todo nivel.
           El problema de dicha alternativa es que la misma necesitaría de una logística amplia, además de tratarse de una alternativa costosa. Por lo que una posible solución para poder enfrentar el problema de los nativos digitales, es utilizar disciplinas académicas que permitan abordar el entorno digital de los alumnos, de manera directa y envolvente, como es el caso de la semiótica.
            En conclusión, queda claro que la problemática de la comprensión lectora en nuestro país, es un asunto complejo y sin posibles soluciones milagrosas; y que además se encuentra presente en todos los niveles de la educación, como en todos los estratos sociales, lo que aumenta su complejidad. Y que si bien, ya se ha comenzado a trabajar en posibles soluciones para hacerle frente, estas se encuentran todavía muy lejos de ser soluciones definitivas para un problema, que no solo involucra al sistema de educación de nuestro país, sino también a la clase de ciudadanos que serán en un futuro cercano.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Assassin's Creed 3, el pésimo final que esta gran saga no debió tener

Un poco de aire fresco

Para nadie es mentira, que dentro de los discursos de masas, probablemente  sea el de la industria de los videojuegos la que más proyección ha alcanzado en la última década. Al punto, que en Europa, dicha industria genera muchos más dividendos que la del cine. Esto último ha tenido consecuencias nefastas pues aprovechando el boom de los videojuegos, las distribuidoras, las productoras, los estudios no tuvieron mejor idea que  aplicar los colmillos ávidos  de dinero. Dicha metida de mano, no solo se debió a un  aumento paulatino en los precios, sino a una serie de DLC con contenido extra o muchas veces, con el contenido necesario para los modos multiplayer, sin mencionar los contenidos ocultos en los mismos discos. Además de lanzar productos de manera apresurada y con constantes bugs que la gran mayoría de veces hacen que un videojuego sea injugable.  Pero quizás el aspecto más nefasto de todo esto, es que las grandes historias o los proyectos innovadores quedaron de lado por decidir repetir modelos exitosos. Basta con recordar el boom de los mmorpg producido por The World of Warcraft     y el constante fracaso de los mismos, (o al menos de la mayoría) por seguir el modelo de pago. Quizás por ello, a muchos nos emocionó  la llegada del Assassin's Creed, viendo en la misma  un aire renovador, que la industria necesitaba de manera urgente.   


Muchas veces lo que determina el éxito de un videojuego es la jugabilidad. La misma podría catalogarse como el 40%  de la fórmula. Mientras que los gráficos que serían el otro 40%, solo para dejarle a la historia el restante 20%. Aquello parece haber sido un modelo de éxito durante los últimos años, porque si no cuál sería la gracia de seguir lanzando videojuegos, muchas veces totalmente calcados  unos de otros. En cambio, la aparición del Assassin's Creed significó un cambio total a ese modelo. Al punto que podría arriesgarme al plantear que los gráficos fueron el 20%, la jugabilidad otro 20%, y la historia el 60%. Queda claro que no ha sido el único caso notable en la industria, pues pese al continuismo, ha habido sagas memorables como el Mass Effect o la adaptación de la obra del  escritor Polaco Andrzej Sapkowski en  The Witcher. Sin embargo, y aquí termino con los aspectos técnicos,  probablemente, lo memorable en el Assassin's Creed, es que es el más claro ejemplo,  como objeto de estudio, de la influencia de la postmodernidad en los videojuegos.


El inicio de la saga

El Assassin's Creed es una mezcla de teorías conspiratorias, reescritura histórica, ciencia ficción  y hasta la influencia de autores como Tom Wolfe o Zecharia Sitchin, por no mencionar las propias teorías desarrolladas por Lamarck. Todo ello mezclado bajo un excelente guion, y una constante intertextualidad con el plano de lo real. Pues la historia inicia  en los últimos meses antes de la llegada del 21 de Diciembre del año 2012.  Partiendo de este punto, el desarrollo del nivel diegético se da en dos instancias narrativas. La primera de ellas, la historia de  Desmond Miles  quien se encuentra secuestrado en industrias Astergo y siendo obligado a usar el Animus, una tecnología que siguiendo las hipótesis sobre la memoria genética,  logran aislar el gen de las vidas pasadas, y por lo tanto explorar la vida de los antepasados. La siguiente instancia narrativa se encuentra basada precisamente en la historia de sus antepasados. Bajo esta premisa nos enteraremos sobre el enfrentamiento librado por dos bandos: la de la secta de los asesinos y la de los templarios.
No es gratuito el hecho de que hayan decidido tomar a los templarios, y no seguir bajo la  tendencia  conspiratoria de los masones. Es más, probablemente esto se deba a la premisa de querer darle cierto acercamiento histórico a la diégesis.  El haber abordado la tercera cruzada en el primer capítulo de la saga, tampoco es gratuito, pues desde una perspectiva meramente histórica, es precisamente en aquella cruzada en donde los templarios y la secta de los asesinos se encuentran frente a frente. Claro, aquí ya viene la perspectiva postmoderna, de utilizar los hechos históricos para plantear a los asesinos como una secta que lucha contra la visión de orden que plantean los templarios, bajo un credo con tintas nihilistas  como:  "Nada es verdad, todo está permitido". 
Tal vez un ejemplo de la manera en cómo plantean ese juego histórico, sea la fortaleza de los asesinos Masyaf y al líder de la secta: Al Mualim. Este último personaje, totalmente ficticio, está basado en el personaje real y fundador de dicha secta: Hasan-e Sabbah  o el ermitaño de la montaña. No solo, porque el primero se encuentre en eventos históricos en donde Hasan tuvo que ver, sino también porque aborda las crónicas occidentales como las árabes, sobre dicha secta y específicamente sobre su líder. Como es el caso del asedio de las fuerzas de Saladino a Masyaf o la de los templarios, en donde cuentan que Hasan era una especie de brujo, cuyo dominio escapaba de sus seguidores[1].  Este punto es  explicado, en Al Mualim por el beneficio de tener el fruto del Edén.
 
Sera precisamente esta estrategia narrativa la que marcará la tendencia a lo largo de la saga. Algunas veces con mayor exactitud y otras veces no tanto. Como por ejemplo,  el asesinato de Giuliano de' Medici, un hecho histórico demostrado y en donde no caben dudas sobre las 19 puñaladas ni del complot de los Pazzi. Sin embargo la historia solo cuenta que Lorenzo logró escapar herido gracias a unos simpatizantes. Es aquí, en ese pequeño agujero histórico, en donde aparece Ezio Auditore quien es el que logra salvar a Lorenzo.
Pues bien, es esa instancia narrativa la que más se desarrolla a lo largo de la saga, mientras que la de Desmond se va desarrollando de manera paulatina, poco a poco, gracias  a sus constantes incursiones de sus antepasados. Además de existir una especie de metalepsis o efecto sangrado[1]  en donde Desmond comienza a ver, oír, inclusive hablar con alguno de sus dos antepasados (Altair o Ezio), o el caso de estos últimos, en donde dicha transgresión alcanza a Desmond, a través de las pistas dejadas por el sujeto 16 o las advertencias  de Minerva. Todos ellos, tanto Altair como Ezio, personajes ubicados en tiempos tormentosos, pero ante todo personajes bien desarrollados, sumamente complejos, y con una visión sobre la tendencia de la historia a repetirse.   
 
El inicio del final
Inicialmente Ubisoft se planteó la saga como una trilogía.  Aquella propuesta fue bien recibida, pues una trilogía siempre es una buena manera para poder contar una historia, pero sobre todo poder darle un buen cierre a la misma. Además que teniendo presente que existía un límite de tiempo para terminar la historia, le daba cierto toque innovador y dialógico con los propios usuarios. Sin embargo en el año 2010, fuimos testigos de que habían caído, en lo que muchas otras grandes propuestas cayeron. Ya que viendo el éxito de las dos primeras entregas, decidieron  aprovechar a la gallinita ludópata, sacando La hermandad y en el 2011: Revelaciones.
 
Debo de admitir, que cuando salió a la luz La hermandad, temí que Ubisoft haya decidido destruir, la que por aquel entonces, se había convertido en mi saga favorita, en pos de aprovechar todas las ganancias posibles. No solo porque hayan decidido lanzar un juego por año, lo que antes les había llevado dos, sino porque decidieron saltearse la trilogía, para pasar a excusarse en subtítulos que  no eran otra cosa, que un intento descarado por obtener más dinero. Haciendo que una trilogía pasara a transformarse en una pentagonía no aceptada.  Pero vamos, pese a la manera descarada con la que nos decían: “quiero su dinero”, a la poca innovación de las ciudades desarrolladas, a las flojas exactitudes históricas, seguía gustado la historia y el desarrollo de las personalidades de Ezio y Altair a lo largo de sus vidas, nos seguía encandilando. Pero pese a ello, a todos nos quedó una especie de espina y cierto temor de lo que esperaba a la saga, teniendo en cuenta que apenas había un año para que aquella saga llegara a su esperado final.
Assassin's Creed 3
Probablemente haya sido la espera del año, y para muchos (incluyéndome) la decepción del mismo. Sin embargo aquello no lo supimos desde siempre. Ubisoft había logrado utilizar lo mejor que había hecho a lo largo de la saga, a manera de tráiler para despertar el interés. Gran parte del misterio, era saber qué ciudad o en qué eventos históricos estaría desarrollada la historia del último antepasado de Desmond.  Cuando nos enteramos que estaría desarrollada en la guerra de independencia Norteamericana, a muchos no nos gustó la idea, pues habían muchos otros escenarios más interesantes que el elegido, como Japón, la revolución francesa, inclusive la propia independencia latinoamericana. Todos ellos, escenarios que tenían que ver con el inicio de la saga, en aquel mapa extraño hecho a base de la sangre del sujeto 16, que Desmond descubre al final del juego. Pero bueno, cuando vimos el tráiler, una especie de cosquilleo esperanzador nos inundó. “con ese guion no creo que sea tan malo” pensamos, pero claro era demasiado pronto como para darnos por satisfechos.
            Uno se da cuenta de que el juego era malo, a los minutos de haberlo empezado. Pues el mismo está plagado de incontables bugs que hacen que uno quisiera golpear el monitor por la frustración, pero claro, no era el primer juego de la saga que tuviera ese problema. Todavía recuerdo aquel video de Altair montando un caballo que pareciera tener las patas traseras rotas. O bugs relacionados con la pérdida de los juegos guardados, o aquellos que le impedían seguir realizando misiones, muchos de ellos, teniendo que volver a empezar de cero. Sin embargo, debo de admitir que pese a aquellos problemas técnicos,  la historia me atrapó. Las primeras tres secuencias son memorables, a nivel técnico, a nivel diegético, sobre todo el final de la tercera secuencia, en donde nos dan un giro que sorpresivo que nos deja sin aliento. Ante ello, uno no podía evitar aplaudir ante aquella manera inteligente de presentarnos la historia. Pero aquí viene uno de los tantas incoherencias del juego, que es la del principio básico del animus. Pues lo de explorar la vida de los antepasados del usuario, estos están vinculados de manera directa al mismo. Es decir: a una especie de reencarnación de los mismos. El caso de Altair y Ezio, ambos comparten rasgos genéticos con Desmond, como una marca de nacimiento en el lado izquierdo de los labios. Es decir, y aunque no lo dicen abiertamente, las reencarnaciones o vidas pasadas. Pero en las primeras tres secuencias, no nos encontramos con Connor, quien es el antepasado directo de Desmond, sino con Haytham Kenway, quien es el padre del mismo. Algo que hasta ese momento no se había visto, y que pareciera ir en contra del mundo posible desarrollado en los 4 juegos anteriores.
Connor o Ratohnhaké:ton es un mestizo que creció entre los  Mohawk. Sera el contante acoso con los colonos blancos, y un viaje espiritual, lo que lo motivará a  buscar el conocimiento y las habilidades de la orden de los Asesinos, para poder hacerles frente y proteger su aldea. El principal problema con Connor, es que a diferencia de Altair o Ezio, sus motivaciones nunca están muy claras para decidir abandonarlo todo. No es la venganza en sí misma, pese a la pérdida de su madre, tampoco es el afán de conocimiento, en realidad es un personaje poco atractivo, poco desarrollado, al punto que pareciera ser tan solo una excusa para el trasfondo político desarrollado en el juego. Además de que muchas veces, pareciera ser solo un  elemento exótico, con canticos en su lengua materna,  y puesto ahí como contraste cultural.
            Otra cosa que también decepciona de Connor, es que no hay una evolución significativa  del mismo. A diferencia de Altair o de Ezio, en Connor no hallamos el cambio de su naturaleza, ni madurez alguna, es más, su papel en la historia es poco trascendente, si es que lo comparamos con sus antecesores. En  su viaje espiritual, Connor dice no entender lo que Minerva le está diciendo, y esta le responde, que tampoco hace falta hacerlo. Quizás ese diálogo sea mucho más significativo de lo que pareciera ser. Ya que a lo largo de la historia, Connor se convierte más en una especie de mensajero inmerso en una guerra que se convierte en el protagonista del nivel diegético. Esto es otra contradicción con respecto a la saga, pues si algo caracterizaba a los antecesores de Connor, es que  los hechos históricos giraban en torno a ellos, y no ellos en torno a los hechos históricos. Esto último pareciera ser lo mismo, pero no lo es. Hay una gran diferencia entre las misiones de asesinato de Altair, con las de Connor. El primero realiza sus acciones con un fin de redención, rodeado de un contexto que es de importancia, pero no es el elemento básico del crecimiento de Altair. Mientras que Connor se mueve en dicho contexto, a manera de excusa, para mostrar a un Washington, a un Franklin, a un Lee,  y una serie de  recreaciones de batallas históricas o hechos e importancia histórica, como el incendio de New York.
 
 
 
 El otro punto que también decepciona, es la recreación de las ciudades, lo que en las sagas anteriores fue el punto fuerte y característica genética de la marca. Pues si bien es cierto que Boston o New York no poseen la amplitud, el misticismo de Jerusalén, Damasco, Roma, Florencia o Constantinopla,  las primeras están desarrolladas de una manera tan poco importante,  y de  manera monótona, que no dan ganas de explorarla o de subir a las atalayas.
Pero bueno, no todo es malo. Digamos que la recreación de la frontera, con las grandes expansiones de territorio, que se encontraron en el primer lanzamiento  de la saga, fue un acierto. Pero luego se vuelve tedioso, al no cobrar mayor importancia en el desarrollo de la diégesis. Haciendo que uno vaya automáticamente de un lugar a otro, sin sentir que se está perdiendo de algo interesante.
 
Sin embargo lo mejor logrado del juego, es a lo que se refiere al metatexto de la instancia narrativa de Connor o del animus. Específicamente a las aportaciones de Shaun,  quien al ser inglés, tiene una serie de observaciones, que son críticas ocultas en el sarcasmo, hacia las bases políticas norteamericanas.  Apreciaciones como sostener que la guerra de independencia, fue en realidad una guerra civil. O la analogía de la cena del rey Jorge y los colonos. Pero quizás las críticas más directas, sean aquellas relacionadas con la demagogia norteamericana, con respecto a sostener lo que los padres fundadores querrían que se hiciera. Y claro, también elementos que ya se sabían, como el hecho de que el tío George fue un pésimo estratega militar o que Benjamín o Paul Riviere  hablaban de igualdad y gozaban de los beneficios de poseer esclavos. Probablemente sean estos chispazos lo mejor a del diegético de dicha instancia narrativa, por lo que fue una lástima que no decidieran explotarla más, aunque probablemente sea entendido aquello, por la constante censura norteamericana con respecto a su historia fundadora.
 
 Desmond no es Shepard
Pero vamos, si bien la historia de Connor no nos convencía, todos sabíamos que lo importante del final de la trilogía, estaría fundamentada en la instancia narrativa de Desmond. Sin embargo, si bien sus incursiones se tornan interesantes, es su conflicto final con Daniel Cross y Vidic los que terminan por decepcionar. Sobre todo con el primero, personaje explotado en las novelas gráficas que sirvieron como suplementos para la historia general de los asesinos y templarios. Pero definitivamente lo que más decepciona, es el final que está plagado por constantes contradicciones. En donde no solo dejan de lado elementos, como los glifos o advertencias del sujeto 16, sino a que la esencia misma de la historia, pareciera desaparecer ante una nueva propuesta, porque la hay, que es que esta saga continúe, más allá de su fecha límite que era el 2012. Y claro, Minerva que ya se había ido, resulta que no se había ido, pues aparece de nuevo. Un final, que hasta cierto punto despierta una sonrisa de incredulidad, pues no se puede entender, como de pronto pueden arruinar una gran historia, por no querer cerrar el círculo.
 
Y claro, Ubisoft ya habla de una nueva entrega con absurdas encuestas, con una película en pre producción, y en donde seguramente seguirán con sus lanzamientos anuales, tratando que todos los usuarios se coman esa mierda, hasta que sus ventas ya no sean las mismas, y decidan cerrar, ya no el círculo sino una cosa amorfa, que probablemente ya carezca de sentido alguno.
            En conclusión, bien hecho Ubisoft te cargaste una gran historia, ya puedes sentirte bien por seguir los pasos de Capcom o por tener tu propia marca anual de ventas. Probablemente luego pensaras en el mmporg, en tu free to play, y en cualquier otra cagada que les ayude a mantener las ínfulas de haber creado una gran historia, y de haber continuado un bodrio de la misma.  


 
 
 
 
 
 
 

 
 



[1] Que es la exposición por demasiado tiempo al animus.
 
 

 



[1] El famoso evento en donde  soldados enemigos lo rodearon, y estos cayeron  inmóviles sin poder tocarlo.



 






martes, 6 de noviembre de 2012

A propósito de Un perro yonqui y otras mentiras leves


Para nadie es un misterio, que en la última década se ha desarrollado una proliferación de publicaciones en el medio, que quizás nunca antes haya existido en tal magnitud. Esto debido a una serie de editoriales independientes, que junto  al abaratamiento de los servicios de imprenta, han sido las responsables directas de dicho fenómeno. Lo curioso del asunto, es que debido a dicha proliferación, cada vez es mucho más difícil poder separar la paja del trigo. Tan difícil como empezar un libro bajo la certeza de que será una buena lectura o una lectura pérdida. Dicha ambigüedad, que muchas veces se queda en ambigüedad olvidada en anaqueles, es el punto de partida de todo libro publicado, sobre todo si se trata del primer libro publicado de un autor joven.
            Es precisamente dicha ambigüedad, en la que uno se encuentra al terminar el primer libro de Armando Alzamora: Un perro yonqui y otras mentiras leves.  Un libro breve de relatos, que en su gran mayoría se tratan de relatos muy breves, casi al punto de ser minimalistas. Un libro extraño, no por el sentido mismo de extrañeza, sino porque es un libro que no termina de gustar, pero que tampoco termina de desagradarte del todo. Y que quizás, dicha extrañeza se deba a un par de características del libro, que espero poder desarrollar de la manera más sencilla posible.
            El primer aspecto que llama la atención de los  relatos de Alzamora, es el manejo del lenguaje. El autor hace gala del uso pulcro del lenguaje, que suele ser el principal déficits de toda primera publicación, pero que en su caso termina siendo una característica propia del libro, quizás la principal, lo que puede convertirse en algo beneficioso o perjudicial, según venga el caso. Sin embargo los relatos adolecen de algo igual de importante que el uso adecuado del lenguaje, que es la iniciativa por querer contar una historia. Lamentablemente en el libro de Alzamora, muchos de sus relatos parecieran caer en un minimalismo absoluto, en donde la prontitud pareciera  cobrar más importancia, que el desarrollo de las historias. Y no hablo solo de la ausencia de sorpresa en los relatos (algo que no es indispensable), sino de que el desarrollo de los mismos decaen, dejando muchas veces la historia en el vacío o repitiendo finales como es el caso de dos cuentos.
            El primer cuento: Un perro yonqui  probablemente sea uno de los cuentos mejor logrados a nivel de estructura. El relato gira en torno de Maty, perro del narrador que sufre de un grave desorden de “personalidad” a causa de su adicción a sustancias tóxicas, como es el caso de detergentes, lejías y saca grasa  a los cuales Maty busca desesperadamente. Lo destacable de la narración, no es solo  que Maty pasa a ser una metáfora del caos, del conflicto, de la tristeza que suele embargar a una familia, en la que alguno de sus miembros sufre de alguna clase de adicción, sino el hecho que de pronto, el narrador pareciera sufrir, de lo que algunos psicoanalistas han denominado como; el síndrome de Walt Disney, que no es otra cosa que la humanización de los animales.
Luego del incidente con el detergente, encerré a Maty en un cuarto vacío de la casa durante horas. Lo escuchaba llorar desde el pasillo, pero estaba decidido a desaparecer todo tipo de sustancia perjudicial para mi perro… cuatro días después, un vecino me contó que Maty había irrumpido en su casa;  lo encontró en la lavandería… cuando lo encontré había tumbado el pote de lejía al piso y estaba revolcándose, como en trance. (p. 19-20)
            Un cuento bien estructurado, pese  al final predecible, pero no por ello deja de ser contundente por la construcción de Maty, a través de la agonía del narrador quien ve imposibilitados todos sus intentos por recuperar a su perro de su adicción.
            El cuento Turbación, desde mi humilde punto de vista, es el relato mejor logrado. No solo porque funciona, al igual que el primer relato, a nivel de estructura, sino porque a diferencia de Un perro yonqui, logra llevar al lector hacía un final que aparentemente es predecible, solo para luego dar ese giro conmovedor que  solamente la locura es capaz de dar. Un relato muy cortazareano, si queremos categorizarlo de alguna forma. Y en donde la locura aparente del narrador, coquetea constantemente con una especie de doble, que solo a través de la turbación del personaje, cobra sentido en las últimas líneas del relato.
            Los relatos: La mujer en la ventana, Vida y muerte del poeta, y Fábula  probablemente sean los relatos más flojos del libro, al punto de que el minimalismo en aquellos tres cuentos, termina jugándole mal, porque si bien Alzamora pretende darles ese final certero y preciso de los relatos breves, estos no terminan por llegar a convencer, al punto de que el narrador de los tres relatos, bien podría tratarse del mismo, sin llegar a diferenciar al narrador que camina por el centro de Lima (La mujer en la ventana) del narrador que se encuentra bebiendo en una reunión con un conocido de la infancia (Fábula).
            Aquello se convierte en algo perceptible en cuentos como: Hay un fantasma y El tiempo invisible  en donde pese a que son dos narraciones totalmente distintas; tanto en extensión, como en tema terminan concluyendo no solo bajo el mismo signo derrotista, sino de maneras muy similar el uno del otro:
«Fantasma – digo a veces -, si puedes escuchar estas palabras, recuerda que el tiempo no es el tiempo, es solo luz difusa».
Los años pasan; la casa languidece. Si alguien viniera de pronto y me observara aquí, tendido en el sofá, fumando a oscuras estos cigarrillos grises, pensaría con certeza que el fantasma soy yo. (p44)

No tuvo el valor de acercarse para darles las condolencias. Ella apenas lo miró. Cuando se marchó, solitario en la noche que lo imbuía, sintió la desdicha de los años pesando sobre él. Se detuvo en un parque habitado apenas por sombras. Fue todo lo que vio: sombras. Y él era una más. (p. 57)  
            Sin embargo otra característica en el libro de Alzamora, es la ironía  y cierto humor negro que se ven plagados, con mayor y menor fortuna en sus relatos. Es así como encontramos: La confesión.  La ironía de reconocer su naturaleza en la necesidad del otro abandonado. Con un final, que a diferencia de los otros relatos cortos, logra ser certero y rescatar cierta sonrisa en la derrota.
            Otro relato que continúa con la misma valía es: Muerte de Jesucristo en  Los Barracones. En aquel relato, la narración cobra matices de un artículo periodístico, a la vieja usanza de la sección de policiales:
Alambres de púas en las muñecas, horribles contusiones, fuertes hematomas y un desgarro anal claro y visible, fueron evidencia más que suficiente para que la policía determine que el móvil del crimen aparentemente sea un ajuste de cuentas… Horas más tarde se supo la identidad de la victima. Se trata de Jesús de Nazareth, hijo de un carpintero y conocido profeta. (p. 49)
            Queda claro el sentido hacia donde se dirige el relato, aunque el final termina decayendo, al cobrar cierto aire de sentencia, al declarar el declive de la «no-razón» como lo diría Nietzsche  y el triunfo del «Superhombre»; aunque aquello también podría ser tomado como una crítica directa a los medios de comunicación y ese aire circense con la que suelen transmitir las noticias.
            En conclusión, Un perro yonqui y otras mentiras leves  es un libro, que pese a no convencer del todo, deja  buenos augurios para futuros trabajos de Armando; quizás  mucho más depurados, y en los cuales probablemente ya no tendremos la sensación de ambigüedad, sino por fin una certeza definitiva.  






lunes, 5 de noviembre de 2012

Pablo Macera a propósito de la búsqueda de una nueva clasificación de los historiadores


Mencionar a Pablo Macera, como lo dice Víctor Medina (autor del prólogo), siempre será motivo de controversia, esto debido a las opiniones provocadoras  sobre hechos coyunturales del país, pero también por su postura histórica, ya sea criticándola o proponiendo nuevos aparatos teóricos para  su desarrollo. El prólogo escrito por Víctor Medina como apertura a la edición realizada en aquel año (1987) tiene la clara intención de presentar ambos rostros del historiador, ya sea por la importancia indudable de su  trayectoria como historiador, o la de líder de opinión incomprendido en sus declaraciones. No en vano Medina hace un breve pero sustancioso recorrido intelectual de Macera y sus aportes no solo para con la historia peruana sino con su compromiso con la educación, resaltando los libros que llegó a escribir para  educación secundaria. Pero a la vez también  menciona alguna de sus frases más provocadoras, al sostener que el Perú es un país abortivo, haciendo una clara alusión directa  a la ingenuidad de la sociedad peruana, a los largo de sus fracasos históricos, ya sea en la búsqueda de la idea de nación, en la caricaturización de la burguesía peruana, o  en la ingenuidad de los socialistas peruanos que esperaban que la revolución viniera de afuera.
            Y si bien es cierto que esa parte de la vida de Macera es discutible, creo que es importante mencionarla para el capítulo desarrollado, ya que como diría Medina: ”Si Macera no hubiera sido historiador, hubiera sido un buen poeta” bien podríamos agregarle, con las libertades del caso: también hubiese sido un buen periodista de espectáculos.  
             Esto último  bien podría ser tomado como una ofensa para cualquier historiador o seguidor de Macera, pero lo cierto es que Macera desarrolla una visión controvertida, provocadora y biográfica, con ciertos tintes faranduleros (no vistos por aquel entonces) sobre la clasificación de los historiadores y el papel que los historiadores juegan en la sociedad.
            Pero vayamos con calma. En el prólogo Medina coloca una cita hecha por Macera que creemos de importancia para  abordar el capitulo en si. En dicha cita Macera reclama el papel de los jóvenes historiadores que se alejan del positivismo por nuevas técnicas “mágicas” que desde su punto de vista, no están a la altura de la tradición historiográfica:
Ya es tiempo que los historiadores nos demos cuenta cómo vamos tonta y servilmente sustituyendo el positivismo elemental, descriptivo y funcionalista de la vieja historiografía, por nuevas formulas mágicas que vistas de cerca nada dicen o dicen demasiado.
p. 39. Tomo IV,
            Bien podría tratarse de una crítica por la que por aquel entonces, era la llegada de una incipiente postmodernidad estableciéndose de a poco en los intelectuales en el Perú. Hay que tener en cuenta que Macera habla de científicos sociales al referirse a los historiadores, y que si bien tiene elogios, estos son reservados con respecto al Marxismo ya que considera  a la historia como uno de los discursos hegemónicos dentro de la sociedad. Este punto es importante, porque en el capitulo desarrollado por Macera titulado: “Explicaciones” intentará catalogar la evolución de la historia peruana, mencionando los logros, pero también sus taras y fracasos, pero en especial intentará vislumbrar a la clase de historiadores  peruanos que  han existido.
            Macera inicia el capítulo con una breve reflexión personal sobre el papel del historiador dentro de la sociedad. Tomará su caso e iniciará una breve reseña biográfica sobre lo que él considera sus logros y fracasos como historiador; desde su etapa como estudiante, su primer libro publicado, su viaje a Francia donde hará especial hincapié en las técnicas aprendidas, antes que en las nuevas tendencias desarrolladas allá. Esto le servirá como excusa para plantear de manera colectiva, el papel del historiador peruano, y cómo éste ha ido evolucionando según el paso de los años.
            Para abordar aquella inquietud desarrollará a lo largo del capítulo dos ideas: La primera que es el papel de la universidad en la formación de historiadores, y la segunda es la división (entiéndase como categorización) de los historiadores a lo largo de los años.
             Con respecto a la universidad, Macera hará una breve reseña histórica del papel que cumplió y que sigue cumpliendo la universidad en la sociedad. Mencionará la evolución significativa que sufrió la universidad Mayor de San Marcos, desde su elitismo aristocrático, la llegada de  las clases medias, para finalizar en la apertura hacia las clases populares. Macera sostendrá que el papel de la universidad en la sociedad peruana es importante, ya que desde ella se puede criticar a los gobiernos de turno, pero a la vez sostendrá que la universidad no solo peligrará por los gobiernos autoritarios, sino por el procerismo político:
La enfermedad más grave y perniciosa en los medios universitarios es lo que llamaría el procerismo. Todo profesor universitario de cierto mérito, que haya roto las primeras barreras del prestigio, corre el peligro de convertirse en una estatua de yeso.   
p. XIII
            El propio Macera sostendrá que en algún momento aquella opción le fue una tentación (entiéndase que éste capítulo fue escrito en el 1976), sin embargo el tema de la universidad servirá como elemento para desarrollar la segunda idea, que es la clasificación de los historiadores peruanos.
            Macera abordará aquella idea criticando la división de historiadores por medio de las generaciones como él mismo señalaría en sus cartas con Ribeyro “degeneraciones”. Para Macera aquella división no corresponde a una correcta clasificación del pensamiento de muchos de estos historiadores, por lo que él considera que la mejor opción para clasificarlos, sería por medio de las clases sociales a los cuales pertenecieron, aludiendo que aquella división, ayudaría a entender mejor las ideas desarrolladas por los historiadores, por lo que no debería de extrañarnos, que de pronto un historiador de fines del siglo XIX perteneciente a la aristocracia limeña, tenga posturas compartidas, con un historiador del siglo XX al abordar como tema: la economía de la colonia española en el siglo XVIII. Aquella postura controvertida, el cual el propio Macera considera problemática, pues dicha clasificación ya no solo tomaría como referencia los trabajos publicados, sino los datos autobiográficos y lo más importantes, en más de un caso, los devenires económicos de las familias.
Pretendemos explicar el desarrollo historiográfico más reciente de acuerdo al desarrollo global de su sociedad y en particular de sus clases… En otras palabras la generación es la clase social –o fracción de clase- en un momento de su desarrollo y tal como actúa al nivel ideológico.
p. XVII
            Es desde este punto donde Macera se enfrentará al problema de saber quien pertenece a que clase y quien no. Desde su perspectiva    éste sería uno de los problemas más grandes para su postura, pues no bastaría con leer el apellido  de familia y buscar en los registros en que colegio estudió o que viajes realizó y como fue que los realizó (autofinanciados o por medio de becas obtenidas) enfrentándose  al problema de identificación de clases y a un problema mayor, que es la camaleonización de clases, que son aquellos que aparentan ser de una clase a la cual no pertenecen. Sin embargo, es en este punto, donde Macera toma una categoría que es el desclasamiento que intenta explicar dicha camaleonización de clases.
El desclasado pertenece de algún modo a su clase originaria y nunca llega a identificarse del todo con la clase que elige a nivel de su comportamiento ideológico-político o al más general de su expectativa económico-social no realizada.
p. XIX
            Sin embargo  y pese a los esfuerzos de Macera por querer profundizar en su búsqueda de una nueva categorización de los historiadores, se perderá en singularidades autobiográficas de historiadores de finales del siglo XIX, inicios del siglo XX, contemporáneos suyos y finalmente en los historiadores jóvenes. Todo aquello lo desarrollará  con cierto tono irónico al referirse a las pugnas generacionales de historiadores, en lo que personalmente me tomo la libertad de llamar: depredación histórica.  Además criticará la evolución de la historiografía peruana, sobre todo a las instituciones extranjeras que se atribuyen los reconocimientos, que según Macera, en este país se les expropian a los historiadores peruanos.  Es así como criticará la falta de documentación en el Perú y la urgencia por una escuela nacional de archiveros, el papel servil que hace gala la arqueología peruana, el papel “esquizofrénico” de la etnohistoria, pero sobre todo la urgencia de una institución histórica andina.
            A manera de  conclusión Macera considerará, que pese a que la historiografía está pasando por una gran renovación, es el individualismo histórico la tara más grande de la historiografía peruana: “Es hora por lo pronto de no mirarnos como si fuésemos los austriacos de América del sur y que no sigamos soñando en los imperios que fuimos” (p. LXXIII).  O tal vez, sin que Macera se diese cuenta, estaba siendo testigo del ocaso de la historia como el discurso hegemónico  para comprender la sociedad.
           

           


miércoles, 24 de octubre de 2012

3 barras; una mujer y un tabique roto


Probablemente el teatro haya sido la expresión artística que mejor se ha adoptado a los cambios sociales a lo largo de los siglos. Quizás sea el que mejor adaptación haya tenido en estos tiempos postmodernos, con puestas de escenas monumentales y teatros construidos en los  distritos más exclusivos de las ciudades. Pero claro, hay muy pocas puestas de escena de autor, ya que la gran mayoría son adaptaciones del extranjero, y si a eso sumamos que la publicación de dichas puestas son nulas, nos damos cuenta de que no todo es tan redondo como algunas personas les gusta creer.
Para los que conocemos de cerca a Max Pinedo, sabemos de su loable labor por difundir la cultura en el cono norte de la ciudad y en cualquier auditorio en el que le dejen presentar alguna de sus obras. Sobre todo con el exhaustivo trabajo que realiza a través de su academia-centro cultural, en esa mezcla  extraña de matemáticas y Brecht; y en donde en más de una ocasión, son sus propios alumnos la base actoral para la puesta de escena de alguna de sus obras. Por eso, el hecho de que Max Pinedo haya decidido saltar la valla que muchos dramaturgos del medio se imponen, es digno de celebrar.   3 barras; una mujer y un tabique roto   es su primer libro que reúne tres de sus obras, que fueron puestas en escena en más de una ocasión.
 El libro  se encuentra dividido por: Sentenciados, alma artificial y resistencia a la locura. Sin embargo posee un prólogo del propio autor, en donde propone una estética marginal en su obra, al menos en lo que corresponde a esta trilogía. Sin embargo dicha marginalidad, más allá de la posición social en la que se encuentran sus personajes, termina decayendo o mejor dicho: reubicándose en otro tipo de marginalidad, que es de los que no tienen voz o en todo caso, de los que hablan a través del cuerpo. Pero eso lo veremos más adelante.
            En la primera obra: Sentenciados. Nos encontramos en el acto I presenciando un suicidio. A partir de ahí la premisa será hacer el recuento de hechos que llevaron a aquel suicidio. Sentenciados, probablemente sea la mejor de las tres obras publicadas, ya que  se trata de una reescritura o en todo caso, de una ramificación de la historia oficial de la matanza de Barrios Altos cometido por el grupo Colina. Aunque claro, eso solo lo sabremos a medida que avanzamos con la lectura. Es así como nos vamos enterando de los preparativos de dicho atentado, y en cuya recopilación de hechos, el autor hace gala de técnicas narrativas que son mucho más cercanos a la novela policial que al teatro mismo. La historia está centrada en Alvarado, quien es miembro de este grupo militar junto a Supay, quienes piden a Julián que investigue a un vecino suyo, porque necesitan un operativo cualquiera para poder obtener dinero y reconocimiento castrense. Existe una clara visión postmoderna, pues como se comentó líneas arribas, la narración se reubica constantemente en distintas instancias narrativas que se desarrollan más o menos así:
 I - sería la escena del suicidio de Alvarado.
II – la recopilación de hechos que llevaran al suicidio de Alvarado.
III – la entrevista de Adrián a Alvarado.    
            Llegando a un punto determinado, serán las instancias II y III las que se mezclaran constantemente, y que harán que la historia termine decayendo en una inundación de monólogos, que cobran la estructura de testimonios, algunos hablaran desde la muerte, otros desde la marginalidad en la que los dejó dicho atentado, como es el caso de Florentino; pero todos ellos bajo una visión aristotélica, sumamente aleccionadora, en donde desfilan las críticas hacia los medios de comunicación, a la dictadura, y al desprecio por la vida.  Sentenciados es una visión postmoderna de la historia reciente del país, en donde el autor plantea las voces de sus personajes, en un intento por confundir todas aquellas otras voces, que algunos nunca escucharon y otros decidieron olvidar, para que cobre la vigencia necesaria para que la historia no se repita.
            La segunda obra, Alma artificial es una historia tórrida, en donde lo marginal no se encuentra en una posición social, sino en el lugar desde donde se habla.  La influencia de Brecht y Pirandello es notoria en esta pieza, pues el Autor y Mar se encuentran en una habitación discutiendo sobre sus cuitas de amor, pero dichas cuitas terminan transformándose en algo más profundo, como es el hecho de la creación. Lo loable de la obra, es que logra que la línea divisoria de las dos instancias narrativas que se dan en ella, termine siendo muy difusa, y que solo al final, en los últimos diálogos se logra esclarecer. Lo curioso es que una vez más nos encontramos con una pieza, que a pesar de que la influencia Brecht y Pirandello es notoria, no podemos dejar de pensar en Niebla de Unamuno. Específicamente en las dos últimas páginas, en donde el autor comienza a cobrar el sentido real de su posición desde donde se encuentra hablando.         
            Resistencia a la locura es la última obra del libro. La historia está centrada en Fer y Pablo, ambos se encuentran unidos por la infelicidad que les inunda en sus propias familias. Fer por algo muy parecido a una relación atípica con claros tintes neuróticos, y Pablo por tener oculta durante años otra opción sexual. Ambos personajes se encuentran sumergidos al límite de la locura, ya sea por la presión de casa o por la presión que existe fuera de ella, que es cuando Pablo decide declarar su amor hacia Fer.
            El eje de la obra girará en aquellas dos relaciones dañinas, ya sea por medio de una transgresión física en el caso de Pablo o por aquella transgresión sexual a la que se ve sometido Fer. De las tres obras, es precisamente ésta la que solo se preocupa en querer contar una historia, por lo que no termina cayendo en cuestiones aleccionadoras ni en transgresiones de instancias narratológicas, que intenten lograr un asombro.
            Otro punto característico de la obra de Pinedo, es que las tres piezas de teatro poseen un puente por donde se comunican constantemente entre ellas, y no me refiero a la marginalidad que sostiene el autor en su prólogo, sino al papel que cumple la mujer en las tres piezas de teatro,   siendo ellas el centro de la marginalidad pregonada en el prólogo. Ellas aparecen relacionadas, hasta cierto punto, con misóginos, ya sea Julián, el Autor, Fer y Pablo. En todos aquellos personajes uno puede detectar cierto desprecio hacia sus parejas o esposas y cuyo deprecio varía más o menos siguiendo esta estructura:
- Julián por el rechazo que siente Esperanza por su hija.
- Autor porque Mar lo dejó y rehízo su vida.
- Fer, por un trauma de infancia de Elvira que le dificulta la vida en parejas.
- Pablo por poseer otra opción sexual y que ve en la vida hecha junto a Magdalena, la imposibilidad de ser feliz.  
            Lo curioso del asunto es que dicho desprecio inicial en todos aquellos personajes, termina mutando a otro tipo de desprecio, que es el sexual. Ya sea por traición en el caso de  Esperanza, ya sea por liberación sexual en el caso de Mar y Elvira o por transgresión, cuando Magdalena decide cercenarle los genitales a Pablo.  Lo cierto es que es precisamente a través de la traición, de la liberación, o de la transgresión, por el cual  la mujer puede hablar, puede salir de dicha marginalidad, pero casi al instante es condenada pues de victima pasa a victimaria. Como en el caso de  Julián, que al enterarse de la traición de Esperanza, se da da inicio a la matanza o en el caso de Fer, cuando Elvira decide vengarse a través de una serie de aventuras sexuales, que termina llegando a la locura y hacia la posterior muerte.
            Una posición muy interesante, que seguramente algún trabajo posterior sobre la obra de Pinedo, decida profundizar.
            En conclusión, 3 barras; una mujer y un tabique roto es una obra muy recomendada, con ciertos desgastes a nivel narrativo y con ciertas deudas, que seguramente el autor terminará saldando en sus próximas publicaciones. Pero que en definitiva el lector-espectador no debería dejar de leer o de asistir a alguna de las puestas de escena de Max Pinedo.       

martes, 4 de septiembre de 2012

El círculo Carmesí


Una frase recurrente entre los lectores de Edgar Wallace, es que todos conocemos a Edgar Wallace ya sea directa o indirectamente. Esto no solo es debido a la prolífica producción literaria que llevó a lo largo de su vida, sino también a que la influencia de su obra en la cultura de masas, ha sido constante y muchas veces, imperceptible. Al punto que muchas personas ignoran que fue Wallace quien escribió, ya en la penumbra de su vida, el guion de un clásico del cine: King Kong. Para los que hemos leído a Wallace no nos queda duda de que El círculo carmesí y los cuatro hombres justos son dos, de sus novelas mejor logradas. Ya que inevitablemente, debido a la rapidez con la que solía emprender sus proyectos literarios, muchas de sus novelas y obras de teatro no logran alcanzar el nivel de las novelas mencionadas. Ambas novelas[1] comparten un hilo conductor con respecto a cierta capacidad sobrenatural para delinquir, con la excepción de que en la primera existe una clara crítica con respecto a lo que es correcto, mientras que en la segundad, solo se trata de salirse con la suya.

            Algo que caracteriza a las novelas policiales de Wallace, es que a diferencia de Doyle o Jean Ray[2]  el personaje principal de Wallace no se tratan de  detectives sabuesos y superdotados para los misterios, sino simples inspectores[3] grises, que son descritos sin mayor atractivo físico alguno. Otro  elemento que caracteriza a las novelas de Wallace, es la muestra de todos las pistas para que el lector pueda resolver el misterio por si mismo. El círculo carmesí es justamente una de las novelas en donde se dan aquellas dos características, por un lado tenemos al inspector Parr, que junto a Thalia son los personajes mejor logrados, por el hecho de que no se sabe muy bien cuales son sus verdaderas capacidades en el caso de Parr y las verdaderas inteciones en el caso de Thalia.

            Y es que la concepción del Círculo Carmesí esta vinculada a la maldad, con una clara influencia de la Mafia europea, como es el caso de la Mano Negra, ya que ambas organizaciones, la ficticia y la real, se encargaban de extorsionar a las personalidades pudientes, a través de cartas que llevaban la simbología de la organización. Lo curioso del Círculo Carmesí es que todos sus integrantes son abordados en momentos de desgracia por un hombre misterioso que les ofrece solucionar todos sus problemas inmediatos a cambio de fidelidad, discreción y trabajar para la organización[4]. Todo bajo la premisa de que ninguno de los integrantes de la organización se conocen entre ellos, y cada vez que alguno de los mismos, decide traicionar al Círculo Carmesí son asesinados de manera misteriosa.

            No caben dudas de que Wallace decidió utilizar  la era dorada del misticismo londinense, con las sesiones de espiritismos en auge y todos los estudios paranormales que se dieron a finales del siglo XIX. De ahí que entra en escena el otro personaje importante de la novela, que es el detective  Yale que representa no solo al detective capaz y genio, sino también el misticismo. Pues aparentemente es capaz de obtener pistas de manera extrasensoriales en las escenas de un crimen, con tocar una bala o un objeto utilizado por la victima o el victimario.  Y si bien Wallace, en más de una de sus novelas, utiliza elementos místicos, siempre se las arregló para demostrar su desprecio por aquel tema, que sería absurdo detallar para no quemar la historia.

            Pues bien, la influencia de Wallace, y en especial de esta excelente novela, son evidentes. Por ejemplo, el detective Yale o al menos, las aparentes habilidades del mismo, se encuentran en el agente del FBI Frank Black en aquella serie noventera llamada Millenium, o en la novela gráfica de Mark Millar llamada Némesis, en donde solo en el último número encontramos cierta similitud con el Círculo Carmesí.

            En definitiva, una novela muy recomendada y que a diferencia de otras novelas policiales, te mantiene en suspenso y en penumbra, muy lejos del desenlace final, pese a tener todas las pistas a vista y paciencia del lector. Una novela muy actual, a pesar de los casi cien años de haber sido escrita, y cuya influencia parece seguir estando presente en nuevos discursos, aunque su nombre  siga  navegando en la penumbra de lo desconocido para la gran mayoría  de los que seguimos disfrutando de sus historias.

           

 

 

 

 

 

 

 



[1] Los cuatro hombres justos y El círculo carmesí
[2] seudónimo más usado de Jean Raymond Marie de Kremer
[3] Policía inglesa
[4] Una visión Fáustica sin lugar a dudas.