miércoles, 28 de septiembre de 2011

Presentaciòn del libro "Naufragios" de Danny Barrenechea Leòn


Hora
miércoles, 05 de octubre · 20:30 - 21:30

Lugar
Albazos. Berlin 172. Miraflores.



Más información
Presentan:
* Sandra Granados
* Eduardo Reyme Wendell

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Siempre imaginé, en una de las tantas separaciones con Lucia (porque a estas alturas es Lucia), que me daría cuenta que todo había terminado, después de un arranque de celos y desolación, cuando por esos azares que todavía conserva esta ciudad, me la cruzase en alguna de las calles que llevan tatuado mis recuerdos, o sentada con una sonrisa de medio rostro, en mi bar favorito. Lo admito, todo ello era parte de mi tara romántica por creer que el amor solo existe en las telenovelas o en las novelas inglesas que luego pasan a ser comedias románticas sin éxito. Y aunque siempre estaba esperando aquel arranque insoportable, la bofetada inesperada, sabía muy bien que nada de ello ocurriría, que en mi magra experiencia de cosas serias, lo que es realmente importante se pierde casi sin darse cuenta.

Aun ahora, toda aquella transgresión de privacidad, esa absurda cura de silencio, parecieran confundirse en alguna otra historia, que nada tendrían que ver entre Lucia y yo. Pero luego vienen las macabras señales que apuntan hacia su incógnito paradero, hacia alguna calle en penumbras y una dirección que no conozco. Me pongo de pie por enésima vez y ubico visualmente todos los obsequios de ella. Casi 5 años, pienso ofuscado por una pesadez en mi cabeza. Y caigo torpemente en la cuenta, que durante todos esos años, en ningún momento pasé a guardar aquellas cartas, aquellos regalos hechos a mano. Rio como un estúpido, al momento que regreso a mi asiento y sigo escribiendo, mientras comienzo a mezclar su lindo nombre (que no es el de Lucia) en palabras torpes que se parecen a mis pasos. Y lo cierto es que nunca es fácil decir adiós; mucho menos a sus llamadas de atención, a la calidez de su figura, a la familiaridad con la que nuestras manos se encontraban debajo del cielo absurdo que eran mis sábanas. Cayendo en la cuenta, que desde que la dejé de ver, he vuelto a fumar, como lo hacía cuando apenas era un chiquillo más jugando a ser poeta. Cayendo en la cuenta, de que nunca respondí a sus reproches por mi afinidad de consumir cine comercial, cuando ella apelaba a ver las películas, que en su gran mayoría no solo ya las había visto, sino estudiado y analizado en la universidad. Y es que con este frio de mierda, que cada vez es menos intenso, no puedo dejar de darme cuenta, de que a pesar de que pienso en ella constantemente, estos recuerdos comienzan a ser demasiados dulces, culpa obvia de que es parte del pasado.

Lo malo es que esta nostalgia no funciona demasiado bien, cuando la dulzura causada por una herida en común, es relegada por actos inexplicables, por una serie de decepciones que jamás llegué a vincular a ella, ni en la escena más grotesca de la relación. Sobre todo cuando confiar es una enorme ficción, y solo queda su gran habilidad por descontextualizar las conversaciones (siempre fue una lástima que no leyera a Eco), un correo hackeado (el mío), y un sin número de post en el internet dedicados a mi persona (que no leo por cierto). Mala señal, pues siempre pudimos ver más allá de lo evidente, aunque lo evidente siempre fue invisible ante nuestros ojos.

Ahora solo queda guardarlo todo, eliminar fotos y saborear alguna frase escrita en alguna otra noche; menos fría, menos comatosa, en alguna otra noche, cada vez más lejana, en donde no había esta necesidad imperiosa por decir: Adiós.

domingo, 4 de septiembre de 2011

El soundtrack de la semada

Por que no, me pregunto, mientras oigo esta canción y pienso en aquella persona. Por que no, me vuelvo a preguntar, siendo las 5 de la mañana, habiendo tenido una noche de aquellas, en donde los amigos son el único beneficio de estar vivos. Después de todo, Milanés, siempre causó los golpes que realmente valían la pena. Y es que ese tal vez, no llega a serlo. Una sola consecuencia, un solo rumor que solo tu y yo podremos comprende. Finalmente, hay un soundtrack que solo tu y yo comprenderemos.