miércoles, 26 de mayo de 2010

Aguante Cerati!!!

Estos últimos 10 días, han sido días de sobrevuelos, de cierta tristeza, de cierta fatalidad que parecía alcanzarnos una vez más. He de admitir que nunca he sido un hincha tuyo, al menos no uno de los que se cortan las venas con solo oír tu nombre, ni de los que tienen un orgasmo al oírte cantar “Signos”. No, nunca he sido de ellos, a pesar de que siempre te he oído a puchos, a pesar de que siempre toqué tus canciones en la guitarra y mucho después en el teclado, a pesar de que es una canción tuya el puente más privado que evita que mi corazón quede incomunicado. Sin embargo a pesar de que pueda ser uno de tus fanáticos más malagradecidos que tengas, no pude evitar sentir cierto temor al oír sobre el mal momento que estás pasando, sobre las posibles secuelas, sobre las innumerables ocasiones en que prendía la tele y aparecía alguna noticia tuya en donde anunciaban que no volverías a cantar, o a caminar, o a sonreír. Y claro, lo más triste es que por esos días estaba enganchado con “Zona de promesas” y que gracias a mi neurosis constante, no pude evitar imaginarme los innumerables especiales sobre tu partida con esa canción de fondo, con amigos hablando de ti, con la prensa, la odiosa prensa tratando de arrancarle las lágrimas a tus seres queridos, a los fanáticos. Y lo digo claro, con la esperanza de que no se cumplan las cosas que uno piensa en voz alta, con la absurda agonía de quien deja de escribir cuando al azahar suena una de tus canciones en el Winamp.
Por eso Cerati, recuperaté che, porque después de todo vale la pena poder volver a sonreír; porque a pesar de que nunca fui a uno de tus conciertos, de que siempre preferí otros grupos antes que a Soda, y que de alguna manera aprendí a odiarte por no estar en el disco de Charly y Aznar, soy parte de ese mar de personas que necesitan de tus canciones para poder darle algo de significado a estos días grises en donde tu voz es el milagro más esperado.




martes, 18 de mayo de 2010

El soundtrack de la semana

El soundtrack de la semana, es una canción de Nacho, del gran Nacho al que últimamente le ando sacando sus canciones en la guitarra... porque Nacho es Nacho, a pesar de que cada vez que Pepo escucha las canciones se suelta las trenzas... el soundtrack de la semana: El tercer dia... con la añoranza de que llegue miércoles y empiece la copa Quo Vadis que ganaré una vez más.


martes, 11 de mayo de 2010

Un lugar llamado Oreja de Perro, melancólicamente inverosímil


He de confesar que nunca he sido un fiel seguidor de Ivan Thays, ni a sus novelas, ni a su blog, ni a su fenecido programa televisivo (que de hecho hace falta), sin embargo siempre estuve atento a los comentarios vertidos hacia su obra, a pesar de que hasta el día de hoy, solo había leído su primer libro de cuentos. Y es que hace tan solo unos minutos atrás, acabo de terminar su última novela publicada (al menos hasta donde tengo entendido) y que a la vez fue finalista en el premio Herralde de novela 2008. Me refiero a: “Un lugar llamado Oreja de Perro” que fue presentada al concurso bajo el título: “El hombre invisible”.
¿Pero cómo es que llegué a esta novela con casi dos años de retraso? Pues esto es debido a Lalo, a quien creo que le llegó a gustar la novela, y por quien me enteraba de las últimas novedades del blog de Thays. Es probable, que entre todas sus novelas, me haya decidido por esta última, por el reconocimiento alcanzado en aquel premio y en parte también por el título de la misma, que en honor a la verdad, siempre me pareció un título exótico.
Sin embargo lo primero que sorprende al empezar la novela, es encontrarse con una advertencia, en donde se nos aclara que el lugar llamado: Oreja de Perro de verdad existe, que se encuentra en Ayacucho, específicamente en La mar, que la zona fue golpeada por la guerra interna, y que los personajes y los acontecimientos ocurridos, son mera ficción. Recalco mi sorpresa ante esta advertencia, ya que me parece innecesaria, sobre todo si tomamos en cuenta la caratula del libro:

Un lugar llamado
Oreja de Perro
Finalista Premio Herralde de Novela

Sin lugar a dudas la palabra novela no se encuentra puesta al azahar, o para ponernos un poco más teóricos, nos bastaría con recordar el contrato implícito que firma el lector al acercarse al libro. Pero también es cierto que este tipo de advertencias han venido apareciendo paulatinamente en otras novelas. Un ejemplo de ello es la última novela de Roncagliolo: “Memorias de una dama”. Esto quizás debido al hecho de centrar parte de la diégesis en el plano de lo real, o para ser más claros, por intentar enmarcar a sus personajes en un determinado periodo histórico, junto a personajes históricos. También es cierto que dicha advertencia, hace intuir al lector que se está adentrando en una novela de violencia política, término complicado y presto a mucha controversia.
Sin embargo al iniciar las primeras páginas, nos damos cuenta de que nuestra primera apreciación con respecto a la violencia política, es un tanto equivocada, pero solo un tanto, ya que si bien la diégesis trascurre en un par de días, esta se ubica en años recientes, y para ser mucho más especifico en la etapa final del gobierno del presidente Toledo. Este aparente espacio de tiempo, por donde se aprecia a través, casi siempre del personaje – narrador, es un tanto común al abordar este tipo de novelas. En algunos casos, como en la novela “Retablo” de Julián Pérez, se trata de un personaje que vivió en las zonas golpeadas y que de alguna manera se encuentran vinculados con aquella violencia, y la cual intenta entender aun después de que la guerra interna terminó, a través de sus recuerdos, pero sobre todo a través del papel del intelectual. En el caso de: “Un lugar llamado Oreja de Perro” se trata de una persona que no tiene nada que ver con la violencia sufrida en aquellos lugares, y que a la vez es poseedor de ciertos prejuicios arraigados en su persona. Sin embargo el personaje de la novela de Thays, intenta al igual que el personaje de la novela de Julián Pérez, comprender lo ocurrido a través del papel del intelectual.
El personaje de la novela, es un periodista que luego de haber tenido un breve paso por la televisión, se encuentra trabajando en una revista periodística, y que por los azahares del destino, es mandado de comisión al caserío Oreja de Perro, para cubrir la inauguración de un programa de ayuda social, que inaugurara el presidente de la república. De esa manera es como inicia la novela, con el personaje llegando aquel caserío y con los recuerdos y los fantasmas que lo persiguen.
El primero de los fantasmas que persiguen al personaje, es la muerte de su hijo Paulo y el segundo, una carta de su esposa que lo acaba de abandonar. Casi al instante nos percatamos que es un personaje que se encuentra muy bien construido, con algo de estrambótico, y en donde el tema de la violencia sufrida pasa a través de sus ojos como un parpadeo, ya que el personaje se encuentra más interesado en intentar responder la carta de su esposa, y en tratar adaptar su cuerpo a los estragos del paisaje andino.
Lo segundo que llama la atención en la novela, son las anotaciones que hace el personaje a lo largo de la diégesis. Es extraño, ya que en ningún momento el personaje establece un diario, y cuya función, en la gran mayoría de casos, es repetitiva, ya que no muestra reflexiones nuevas, es más, en la gran mayoría de casos, dichas reflexiones son una repetición de las reflexiones ya hechas.
Lo tercero que llama la atención, es con respecto al paisaje y a los pobladores de Oreja de Perro, que son construidos desde el punto de vista occidental, es decir, con las taras sociales que carga el personaje; como al ser descritos como borrachos, desdentados, lo que sin lugar a dudas, le da verosimilitud al personaje principal. El problema radica, que dicha verosimilitud dura muy poco, ya que a pesar de la construcción de los personajes se da a través de la mirada del personaje, dicha construcción se vuelve inverosímil al mostrar personajes demasiados homogeneizados. Dicha homogeneización se da a través del personaje femenino: Jazmín que fue una víctima del terrorismo y que hasta cierto punto sigue siendo víctima de la violencia. Sin embargo la construcción de Jazmín está más cerca a un personaje de Nabokov, que a una mujer que nunca ha ido más allá de Huamanga. Esto lo podemos apreciar en la manera tan rápida en cómo se acuesta con el personaje, y en como de pronto es conocedora del futuro, pero no a través de la hoja de coca, como quizás uno lo podría intuir, sino a través de imágenes arcanas, como las espadas que carga el personaje, o las que yacen perdidas como símbolo de su presente. Además, la manera tan occidental en cómo habla el castellano, es decir: sin alguna interferencia lingüística, hacen que la construcción del personaje sea inverosímil.


Jazmín dice: Te veo claramente. ¿Sabes qué veo? Está arrojado en suelo, en la mano llevas una espada rota y alrededor tuyo hay otras cinco espadas, también rotas. Te coges el brazo derecho, con dolor. Atrás, tu enemigo se ve en sombras, levanta su arma, se sabe victorioso.
p. 59


Es probable que este sea el punto más flaco de la novela, es decir: la construcción de los personajes, que se ven rodeados de una inverosimilitud en alguno de ellos, y en otros, con el mismo rostro. Como es el caso entre Mónica, la esposa del personaje, con la antropóloga limeña. O el hecho de que Jazmín se parece más una extensión del narrador, que a una pobladora de Oreja de Perro. Quizás el personaje mejor logrado sea Scamarone, el fotógrafo que acompaña al personaje, quien es descrito como un tipo cínico, mentiroso y borracho. Este personaje no es el intelectual adicto a Truffaut, pero que comprende dentro de su cinismo como transcurre la vida.
En conclusión, “Un lugar llamado Oreja de Perro” es una novela cargada por un ambiente de tristeza y la cual dicha homogeneidad gira en torno al personaje principal. Sería demasiado arriesgado declararla como una novela de violencia política, ya que su acercamiento se torna un tanto inverosímil, o al menos, demasiado testimonial. La violencia mostrada en la diégesis se acerca más a los testimonios que el personaje observaba por la televisión como parte del trabajo realizado por la comisión de la verdad. El mayor problema de la novela, es la poca verosimilitud en la construcción de los personajes, que aunque no son demasiados, muchos de ellos comparten el mismo rostro. Lo cierto es que “Un lugar llamado Oreja de Perro” es una novela ligera, entretenida, sin grandes pretensiones, pero que a la vez deja un sinsabor, que para muchos seguidores de Thays, llega a sorprender, pero que para otros, en donde me incluyo, no lo es tanto.